En una chacra de Las Golondrinas, la familia Serenelli comenzó a cultivar cebada, maltear y destilar el que se convertiría en el primer single malt argentino. Conocemos la historia de La Alazana.
En el extremo noroeste de Chubut, muy cerca de Lago Puelo y al pie de la cordillera de los Andes, se encuentra el paraje Las Golondrinas. Allí, entre montañas, bosques y campos patagónicos, la familia Serenelli fundó en 2011 una pequeña destilería de campo llamada La Alazana.
El proyecto se convertiría en uno de los grandes pioneros de la producción nacional. La Alazana se presenta como la creadora del primer whisky single malt argentino, pero su importancia no se limita a ese antecedente: también fue una de las primeras destilerías del país en integrar prácticamente todo el proceso, desde el cultivo de la cebada hasta la maduración del whisky.
Una destilería nacida en una chacra
La Alazana es una “farm distillery”, es decir, una destilería estrechamente vinculada con el campo donde se encuentra. Su filosofía se resume en una expresión sencilla: del campo a la botella.
La familia cultiva en la Patagonia variedades de cebada seleccionadas para la elaboración de whisky. El cereal es posteriormente malteado en sus propias instalaciones, lo que les permite intervenir desde las primeras etapas del proceso y aportar una identidad particular al destilado.
A diferencia de una destilería que recibe la malta lista para utilizar, La Alazana comienza su trabajo mucho antes de la fermentación. El cultivo, la selección del grano y el malteado forman parte de una misma búsqueda: producir un whisky que tenga una relación directa con su territorio.
Cebada patagónica y agua de la cordillera
Una vez malteada, la cebada se muele y se mezcla con agua para extraer los azúcares necesarios para la fermentación. La destilería utiliza agua proveniente de vertientes cordilleranas, otro elemento fundamental de su identidad patagónica.
Después de la fermentación se realiza una doble destilación en alambiques de cobre diseñados por la propia familia y construidos localmente. El resultado es un destilado que la casa describe como fino y elegante.
Este proceso combina principios tradicionales del whisky de malta con soluciones desarrolladas especialmente para la escala y las condiciones de la destilería.
La influencia del roble y del clima
El whisky madura en barricas de roble americano y francés. La destilería trabaja con toneles que anteriormente contuvieron bourbon, jerez, coñac y vino Chardonnay, lo que permite desarrollar expresiones con perfiles diferentes.
Sin embargo, la barrica no actúa sola. El microclima del valle del cerro Piltriqutrón también participa en la evolución del destilado. Las condiciones de la región favorecen una maduración prolongada y suave, que La Alazana considera parte esencial de su impronta patagónica.
La expresión clásica presenta un perfil fino, elegante y suave. Se embotella con 40 % de alcohol y constituye una excelente puerta de entrada para conocer el estilo de la destilería.
Una pionera del whisky argentino
Cuando La Alazana comenzó su actividad, la producción de single malt en Argentina era todavía muy reducida. La familia Serenelli tuvo que desarrollar conocimientos, equipos y procesos en un escenario donde no existía una industria consolidada que pudiera ofrecer todas las respuestas.
Por eso, su historia resulta relevante más allá de una botella en particular. La Alazana ayudó a demostrar que era posible elaborar whisky de malta a escala artesanal en nuestro país y construir una identidad basada en los recursos de la Patagonia.
Su propuesta también anticipó una tendencia que hoy aparece en diferentes regiones: productores que buscan controlar la procedencia de la cebada, experimentar con barricas y expresar las características de su lugar de origen.
De la Patagonia a la Antártida
El espíritu experimental de la destilería llegaría años después mucho más lejos. La Alazana participó en la elaboración de Isla Marambio, un single malt de ocho años cuya maduración se completó en la Base Marambio, en la Antártida Argentina.
El whisky pasó inicialmente cinco años en roble virgen en Chubut y luego permaneció otros tres años en barricas ex-bourbon bajo las condiciones extremas de la base antártica. El proyecto fue presentado como el primer whisky del mundo en completar parte de su maduración en la Antártida.
Aunque se trata de una expresión diferente de la botella clásica, la experiencia refleja la misma vocación pionera que dio origen a La Alazana.
Un whisky profundamente ligado a su origen
La Alazana reúne muchos de los elementos que definen el crecimiento del whisky argentino: iniciativa familiar, producción en pequeña escala, experimentación y una relación directa con el territorio.
Desde la cebada sembrada en campos patagónicos hasta el agua cordillerana, los alambiques de fabricación local y la influencia del clima durante la maduración, cada etapa contribuye a construir su identidad.
La Alazana no busca reproducir exactamente un whisky escocés. Su historia propone algo diferente: demostrar que el single malt también puede hablar de la Patagonia.
Conocé la ficha de La Alazana y seguí recorriendo el creciente mapa de los whiskies argentinos.